Cuando
conoce a Dios,
un hombre es libre.
Se acaban sus dolores.
Tienen fin ambos
el nacimiento y la muerte.
En esta rueda
enorme de Creación,
donde viven y mueren todos,
deambula el alma humano como un cisne volando sin descansar,
y piensa que Dios está lejos.
Pero cuando desciende sobre ella el
Amor de Dios,
entonces encuentra su propia vida
inmortal.